jueves, 29 de octubre de 2009

¿Los cinco centavitos, por favor?




José se baja del colectivo con paso ligero. Al fin termina un arduo día de estudio en la facultad. Mira los boletos y cuenta su vuelto. Ya son $0.30 menos esta semana. Adiós la tortita del desayuno o los caramelitos de entre clases. Otra vez los centavos se escapan, se vuelan de a poco con los colectiveros.
Parece que el aumento efectivo del boleto escolar ha sido de $0.25 en vez de $0.20, aunque en los papeles no figure.
¿Pero qué son 5 centavos? No son nada…si le hacemos vista gorda.

Si por día un colectivero se queda con los 0.05 centavos de los alumnos promedio (que toman dos colectivos por día; ni hablar de los que viven en zonas alejadas), a la semana se suman $0.70 centavos por persona y al cuatrimestre son 7 pesos. Siendo reincidentes, $7 tampoco es tanto: 2 sándwiches de milanesa, una gaseosa familiar, 28 semitas.
Ricardo Salvá, responsable de la Empresa El Triunfo, dijo que por año el sistema de transporte vende aproximadamente 55 millones de boletos. Los de escolares representan el 25%. En números reales serían aproximadamente trece millones setecientos cincuenta mil boletos escolares que se venden por año (13.750.000). ¿Hacemos una cuenta rápida? Si le sacamos $0.05 por cada boleto de ida y vuelta a cada uno de los estudiantes obtenemos la módica suma de seiscientos ochenta y siete mil quinientos pesos ($687.500). ¿Cuántas casas podrían comprarse? ¿Cuántos autos? ¿Cuántas tazas de café, cuántos sándwiches? Esto es una estafa a los alumnos y una falta de respeto al trabajo y a la inteligencia de los sanjuaninos.
La ley 25.954 conocida como “ley de redondeo” es la que protege a los consumidores. Su nombre real es de “Lealtad Comercial” (aunque parezca una broma) y estipula que “en todos aquellos casos en los que surgieran del monto total a pagar diferencias menores a CINCO (5) centavos y fuera imposible la devolución del vuelto correspondiente, la diferencia será siempre a favor del consumidor”. En palabras básicas: ¡si no tiene los 5 centavos de vuelto, déme 10!
Pero hecha la ley, hecha la trampa. El texto legislativo no termina ahí sino que obliga la publicación de la norma en todos los establecimientos donde se efectúen cobros por bienes o servicios para su difusión. Traducción: debe haber un cartelito de mínimo 15 cm por 21 en cada colectivo. Si esto se practicara, los consumidores conocerían su derecho y lo harían cumplir. Hasta ahora ningún colectivo lo exhibe (sólo está aquel que dice “los niños de jardín de infantes también pagan pasaje”); y la mayor parte de las personas desconocen la existencia de la ley ante lo cual no reclaman lo que, de hecho, es suyo.

¿Omisión o negligencia laboral? Mientras tanto, de a 5, los centavitos siguen desapareciendo como por obra del azar…

domingo, 25 de octubre de 2009

En Azul


Garabateaba histéricamente sobre la hoja. Mucho más al sur de lo que solía, escuchaba sin mirar a un viejo comunicólogo que parloteaba desde el estrado central.
Dibujaba. Dibujaba flores espinosas, ojos, labios, manos, sus manos, las de aquél que dañó, en azul…
- Disculpame, ¿está ocupado? – le interrumpió el en un susurro, un desconocido que la sacó de su delirio de lapicera.
- No, sentate – le replicó casi sin mirarlo, quitando su bufanda de la silla.
Tan bonita, tan seria, enojada con la hoja, desinteresada del entorno, del comunicólogo parlotero, del aula atestada de periodistas amateurs y de intelectuales. No importaban, solo eran ella y los dibujos, mundos de tinta azul que se formaban con el movimiento de su mano y se destruían de un solo tachón deliberado.
Paró; los mundos de lapicera se detuvieron. Marcó con fuerza sobre el papel. Marcó otra vez, con odio, con hastío. Nada. Movió histéricamente la lapicera inerte sobre la hoja, ya sin tinta…
Un dedo se posa sobre su hombro con vergüenza. Una lapicera negra.
- Gracias – le dijo ella avergonzada, con una media sonrisa tímida…cálida.
Él le devuelve un gesto tranquilo.
Ella le devuelve el paisaje pacífico de su figura concentrada; de sus manos creadoras sobre el papel, dibujando …

Desde Río Negro, “más al sur de lo que solía”, para el chico de la lapicera negra, gracias.