
- Por una cuestión de ética no ando con chilenos -me dijo Guillermo en la oficina mientras cargaba las fichas amarillas en la computadora. - Por lo de las Malvinas, ¿viste? Para mi es sencillo, o somos hermanos o no.
Para mi sorpresa mi jefa se unió al comentario e incluso a los argumentos. Nuestra oficina ya tenía su veredicto sobre la supuesta hermandad con el país vecino: dos contra uno. Ellos ganaron.
Para los que me conocen de más está decir que disiento totalmente. El amor a la patria es un don altamente estimado. Entonces el amor por el mundo entero, ¿no debería ser estimado doblemente? ¿Acaso no lo es la magnanimidad? ¿Acaso no lo es la visión abarcadora y superadora? Eso es amar al mundo entero (y amar al propio país, sobre todo cuando es el que siempre lleva las de perder).
Guillermo, jefa: por cuestiones de ética sí ando con chilenos (y con chinos y japoneses y negros y niños y ancianos y gordos y un infinito etcétera). Ojalá nunca se me quite la costumbre.
Post-Post:
Aquí no hay ningún ánimo de generar discusión y/o polémica por las causas y consecuencias de las guerras. Son solo pinceladas del vivir cotidiano y sus reflexiones, nada más (nada menos).
