sábado, 5 de junio de 2010

De a dos


- Me da igual...
- Qué sínica sos. Honestamente, no pensé que te importara tan poco.

"Me importa. No te vayas. Quedate..." pero no pudo decir nada porque el vacío de su pecho se chupó las palabras melosas. Todas y cada una, ya no había nada. Sólo ese sentimiento áspero y oscuro de ver su espalda curvada alejándose. ¿Para siempre? Sí, esta vez para siempre.

Era así su orgullo de princesa frustrada que no daba el brazo a torcer. Incluso en los dos minutos antes del final:

-Esto ya no está funcionando como antes. Yo...estoy confundido. ¿Qué hago? ¿Qué hacemos?

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